La Momia

Momificando momias

“La reinterpretación occidental de un fenómeno exógeno a su cultura”

Pese a que la cultura occidental es una de las pocas que en su proyección en la antigüedad no posee ninguna evidencia de la práctica de la momificación (obviando contados casos por influencia de otras culturas -la egipcia, sobre todo- o por causas naturales) a principios del siglo XX se comenzó a formar un imaginario y todo un mito articulado a este respecto que ha generado todo una corriente cultural en torno a las momias.

La hebrea es la cultura más próxima a los valores occidentales que sí tiene en su mitología y su acervo cultural algo parecido a la momia: el golem. La primera momia –Osiris- fue creada por una divinidad a partir de materia muerta y usando la magia. Del mismo modo, en el libro del génesis (cap. 7, ver. 2) Dios creó al primer hombre a partir de tierra, adquiriendo no sólo vida sino también alma. Ambos procesos son perfectos y sirven como modelo. El problema es que momia y golem son réplicas humanas fallidas pues son creadas por el hombre y no por un Dios.

La figura del golem ha ido siendo transformada y deformada en la contemporaneidad para unos fines concretos: crear una fantasía protonacionalista de los sionistas que carecían de tierra propia y por lo tanto de un ejército nacional. El golem suplió esa carencia, encarnando el ideal de físico y militar. El propio estado moderno de Israel es un golem político que para protegerse y defenderse ha desarrollado un programa militar y nuclear tan amenazador para sus enemigos como para ellos mismos.

Lo más curioso es analizar la relación de las culturas que comparten un marco espacio-temporal con aquellas que practicaron la momificación (egipcia, inca…). El mejor modo que he encontrado para explicarlo es mediante el ejemplo de dos películas, que pese a compartir título no tratan los mismos temas ni desde el mismo enfoque: “The Mummy” (1932) de Karl freund y “Al-Mummia” (1969) de Shadi Abd al-Salam. La primera, de producción occidental y marcado corte de ficción y la otra de producción egipcia y tono más realista. Sus argumentos difieren dado que cada una de ellas hunde sus raíces en una concepción inicial muy diferente, la primera nace del imaginario estereotipado que occidente tiene acerca de oriente (del que hablaré más abajo) y la segunda de la narración social de una lacra que ha afectado y afecta a Egipto desde largo tiempo: el saqueo.

Las momias en el cine
Las momias en el cine

Pese a que las primeras momias modernas las encontramos en la literatura -The Mummy / Ramses the Damned es una novela de Anne Rice publicada en 1.989- cuando realmente su impacto recaló en la sociedad fue con la aparición del cine y sus medios “mágicos” que pudieron atraer la atención del gran público. El cine no sólo introdujo la momia en la sociedad de masas sino que ofreció una imagen de ésta bastante alejada de la realidad, al menos de la que los antiguos egipcios concebían, de modo que se fue generando una concepción de las momias y de Egipto que luego se tradujo y universalizó para todo Oriente. Egipto se entremezcla con oriente pese a no formar parte de su cultura. Su estrecha relación con esa región y el ideario occidental han hecho el resto. Algunos de los rasgos con los que tendemos a referirnos a “oriente” pueden ser:

  • Voluptuosidad / lujo: el dorado era la decoración favorita.
  • Sensualidad / sexualidad: la ropa siempre escasa, transparente…
  • Baile: movimientos suaves pero convulsos y siempre acompañándose de animales exóticos.

Todos ellos sinónimos de corrupción y perversión pero que resultaban atrayentes al mismo tiempo. Es lo que Edward W. Said reflejó en su libro “Orientalism” (1978) cuando quiso criticar los prejuicios que giraban en torno a los países árabes desde ese punto de vista eurocéntrico y colonial que no sólo se introdujo en la sociedad occidental mediante los altos poderes (estudios eruditos, gobiernos, empresas…) sino mediante el panfletismo y la llamada cultura de masas mucho mas peligrosa pues se introduce de un modo sigiloso y sibilino en las mentes de las personas sin que ellos se percaten de la manipulación de la que son víctimas.

Uno de los mejores ejemplos de ese panfletismo popular fueron los cómics, que experimentaron un auge impresionante durante el conflicto de la II Guerra Mundial y que tuvo una finalidad concreta. El cómic surgió como artefacto cultural creado por la industria, lo que no contradice que existan grandes obras de arte y artistas al igual que el cine (otro producto comercial). De hecho, cine y cómic ha tenido desde sus inicios una transfusión mutua de información. Los personajes de los inicios del cine fueron copiados directamente al cómic (alrededor del 95%) y luego del cómic al cine nuevamente cuando se producido sus grandes secuelas cinematográficos.

La momia en los años 30 es una transmisión fetichista de los problemas económicos por los que atravesaba Estados Unidos en ese periodo. Este tipo de monstruos, en general, aparecen en momentos de la historia de gran penuria para los pueblos y cuando parece que hay suficientes indicativos para generar un miedo de que el mundo se encamina inexorablemente hacia su decadencia, la industria y los gobiernos echan mano de estos seres. La antigüedad ya había producido con anterioridad cantidad de seres mitológicos con la misma función de las actuales películas y documentales sobre catástrofes naturales. Hace décadas los investigadores pensaban que todos esos mitos habían nacido de la tradición popular pero las últimas líneas de investigación apuntan a que fueron tomadas (sino creadas) por las clases dirigentes para afianzar su legitimidad.

Hasta 1975 se usó la momia como artefacto, inventada por nosotros a partir de algo que existía en una cultura pasada pero cuyas características fueron ignoradas, cambiadas o incluso tergiversadas para hacer al personaje mas atractivo. De hecho, el único nexo en común de las momias del pasado con las formas que hemos hechos de ella en época moderna es que ambas representan a la clase dirigente. Esta idea la fue planteada por el Prof. Dr. Francisco Moreno Arrastio en su ponencia “La momia, de trama y cómic en la cultura popular” durante el seminario de “El Tiempo y la Momia: el mito que se venda” que tuvo lugar en la Universidad Complutense en mayo de 2012.

En la actualidad se trata de un artefacto puramente comercial que pese a no causar la misma impresión que en la sociedad de principios de siglo – debido, en parte, a que ya nos hemos acostumbrado a su presencia- si que es un recurso muy utilizado para rellenar temporadas en series de televisión, sagas cinematográficas e incluso capítulos de los dibujos animados que los mas pequeños ven durante su desayuno. Ahora es un tema anecdótico del que los guionistas se jactan, algo mucho mas inocente para lo que en un principio fue concebido.

La causa de que la temática de la momia se haya descafeinado hay que buscarla en los nuevos temores que la sociedad ha incorporado como propios. Los mecanismos que han dado lugar a ello se escapan de este texto. Habría que realizar un estudio sociológico en profundidad y de los intereses que pudiera haber en ello por parte de la industria y de los gobiernos. Un punto a tener en consideración es el hecho que la sociedad ha experimentado un proceso progresivo de pérdida de la piedad y la religiosidad; por lo que proporcionalmente se ha ido perdiendo el miedo a la parte oscura asociada a ella: la magia, el pasado, la mitología, los demonios… a medida que depositaba su nueva fe en la razón y la ciencia en clara oposición a lo reflejado en la temática momias, dónde se había regresado a época medieval en el modo de resolver problemas, pues se recurría a la magia, algo que parecía inútil en una sociedad racional como la nuestra. La nueva fe en un principio fue ciega, pues sólo implicaba progreso pero tras la conmoción de haber comprobado los horrores que puede generar la ciencia (bombardeo de Hiroshima, armas biológicas, desastres naturales, contaminación…) la sociedad, al mismo tiempo que comenzaron a ponerla en duda, también generó una serie de miedos cuya raíz y monstruos (muertos vivientes o hibridaciones de animales) habían estado eclipsados por los clásicos (momias, Frankstein o Drácula) ahora se encuentran de tremendísima actualidad en series como “The Walking Dead” y producciones dónde el argumento gira en torno a esa cara oculta y oscura de la ciencia que no se nos había “revelado” en un principio.

Lo que sacamos en común es que el modo de temer puede cambiar pero lo que es temido permanece inherente a la condición humana: la muerte. Y precisamente eso es lo que caracteriza y diferencia nuestra sociedad de la egipcia, pues las momias no eran un modo de vencer la muerte como mucho tiempo se había pensado sino un modo de aceptarla, de preparase para ella. Cuando este significado, tan claro para los antiguos egipcios pero no para nuestra mentalidad occidental, cale en nuestra sociedad podremos decir que habremos “desmomificado” / desmitificado a las momias.

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